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Haciendo ciudad a Guayana

Óptica Libre / Por Angy Bracho

Hace 50 años en esta ciudad no teníamos represas, ni un Cachamay donde pasar los domingos, ni un Teatro de Piedra como el de La Llovizna. No teníamos un Carlos Silva en las grandes ligas ni había quien nos regalara una Serenata Guayanesa. Hace medio siglo no teníamos identidad, nada nos unía.

A 48 años de su fundación Ciudad Guayana, conformada por dos poblaciones, Puerto Ordaz y San Félix, ha pasado por múltiples etapas. A pesar de lo joven, esta urbe ha conocido el auge, la bonanza, la esperanza de ser la tierra que prometía pero también la tribulación, la debacle y el olvido.

No obstante, más allá de lo que merece, nuestra ciudad también tiene muchas necesidades a propósito de sus carencias. Guayana tiene sed de agua limpia, visión de grandeza, sueños de inclusión, ansias de progreso y urgencia de educación. No es justo que en una tierra como esta los recursos se negocien sin retornar nada a cambio.

Hemos visto como la Alcaldía del municipio se ha hecho cargo de la ciudad a través de un plan de embellecimiento, que, es cierto, le ha cambiado la cara. La urbe se siente mucho más limpia y ordenada.

Sin embargo, vale la pena preguntarse si esto soluciona el problema de la gente que ha adoptado la conducta de arrojar basura y recipientes de vidrio a las calles.

Para una mejor ciudad, no cabe duda que es una necesidad imperiosa la de integrar e incluir a la gente, independientemente de su color, su credo o su nacionalidad. Finalmente, si todos vivimos en Guayana es justo que convivamos sin reparar en las condiciones.

Mucha gente ampara la discriminación en las desigualdades sociales que empujan a delinquir a quienes no cuentan con los mismos recursos, mas, debo decir que conozco mucha gente que vive con lo mínimo y es tan o más honrada que muchos adinerados. No debe haber cabida para la segregación, no tiene sentido. Tal vez allí comienzan muchos de los problemas sociales.
 
Siguen siendo más de un centenar las camionetas, conocidas popularmente como “perreras”. Estos vehículos que antes circulaban con hombres, mujeres y niños atiborrados en la parte trasera siguen circulando de manera errática y muchas veces a exceso de velocidad.

Debió ocurrir un accidente fatal, después de muchos, para que las autoridades se percataran de que Guayana merece un transporte digno y si bien es cierto que las autoridades han puesto un granito de arena para solucionar el problema al comprar buses, también es cierto que las medidas no han sido suficientes para lograr una solución definitiva a este flagelo.

Siendo Ciudad Guayana de las polis más planificadas de Venezuela resulta inverosímil que tenga un vertedero de basura tan insalubre que hacen vida mamíferos, aves de rapiña y humanos en condición de iguales y no conforme con eso compiten por las mejores presas.

Es paradójico que Puerto Ordaz, tenga las mejores caminerías pero muy poca gente camine y los ciudadanos de a pie en San Félix tengan que arriesgarse a caminar, inclusive en la oscuridad de la noche, por los bordecitos de las calles porque son muy pocas las que cuentan con aceras.

Hablar de las buenas costumbres es casi un tema vetado, esa lección sólo la ven los infantes cuando están en primero o segundo grado, después de eso, si te atreves a hablarle de modales a uno de tercero eres anticuado y estás “out”. ¡Nada que ver!

No sólo eso sino que parece que el chamo de tercer grado tiene razón cuando dice “nada que ver” porque nosotros ignoramos “olímpicamente” los buenos días de cualquiera. El tema de las normas del buen hablante y del buen oyente también es para los niños. Por favor, gracias, permiso, adelante… ¿Para qué fueron inventados? ¡Eso nosotros no lo necesitamos!

Ciertamente, hay que detenerse un ratito a reparar en las actitudes. La mayoría ignoramos el semáforo, el rayado peatonal y todas las señales de tránsito, estamos más o menos como el de la canción aquella que decía: “íbamos los dos al anochecer, oscurecía y no podía ver, yo manejaba iba a más de cien, prendí las luces para leer, había un letrero de desviación el cual pasamos sin precaución, muy tarde fue y al frenar el carro volcó y hacia el fondo fue a dar...”

Dicho por muchos, ver el choque de los ríos es algo novedoso, para quienes vivimos aquí también es un orgullo. Así como nos enorgullece decir que vivimos en Puerto Ordaz o que muy pocas veces visitamos San Félix.
Dos de los ríos más importantes de Venezuela se encuentran en Guayana frente a uno de los tres puentes que mantienen comunicada la ciudad. Ellos nunca se abrazan, no se funden, en palabras de Arturo Uslar Pietri “…un río de acero negro pulido entra como una daga limpia en el costado fangoso del monstruo de tierra del Orinoco marrón. Hay un trecho en que no se confunden, el río limpio que viene en la solitaria montaña parece no querer mezclarse con el río turbio y sucio que viene manchado de las tierras dañadas por el hombre".

Tal vez el día que los guayaneses comencemos a sentirnos orgullosos de serlo, íntegramente, sin pensar en Puerto Ordaz o San Félix, ese mismo día los ríos se fundan y se conviertan en uno sólo para recordarnos que aunque seamos diferentes no podemos negar que somos hermanos e hijos de una misma tierra.

Donde todo comenzó
Ciudad Guayana, está conformada por dos poblaciones San Félix y Puerto Ordaz. San Félix tiene sus antecedentes en el siglo XVIII cuando llegaron los monjes catalanes capuchinos y Puerto Ordaz fue planificada por la Corporación Venezolana de Guayana y la entonces Orinoco Mining Company a mitad del siglo XX.
En aquel entonces, cuando se comenzó a planificar la moderna y prometedora urbe se pensó en hacer campamentos que luego se consolidarían como urbanizaciones para los trabajadores y obreros. Mientras que para los jefes, en su mayoría extranjeros de las mineras, se construirían viviendas en áreas aledañas a las empresas como el caso de los Campos A, B y C de la Ferrominera. Es probable que en este momento haya comenzado una larga historia de exclusión.
Evidentemente, no es buena idea comenzar a escarbar y a cuestionar la planificación. Mas resulta interesante, en este punto, hacer un alto para caer en cuenta de que la situación fue configurada hace más de medio siglo y hoy teniendo conciencia de esto somos nosotros quienes debemos revertir la larga cadena de exclusión para comenzar a escribir en nuestra ciudad una nueva historia de inclusión e integración.

¡Únete tú también!
Basta y sobra con que hayas nacido aquí, es suficiente con que escuches el himno y no pienses que es tuyo o de ellos, que se te erice la piel cuando escuches al maestro Simón Díaz o cuando la gran Sinfónica toque dirigida por Dudamel. Únete con el de al lado y vamos a construir una ciudad ejemplar.
No importa si eres chavista o de Copei, si sigues pensando que lo tuyo era URD o si, de verdad, crees en Primero Justicia. Sería aburrido que fuéramos todos iguales y creyéramos todos lo mismo, pero no puedo negar que sueño con que, algún día, todos tengamos las mismas oportunidades. ¡Una mejor Ciudad Guayana es posible y está en nuestras manos!

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7 Lecciones que nos ha dejado la crisis

Óptica Libre / Por Angy Bracho

A pesar de las voces que anticiparon la llegada de la crisis económica, para el mundo entero fue una sacudida inesperada no sólo por la convulsión que generó sino porque individualmente todos la hemos sentido de forma directa sobre nuestros bolsillos. El 2007 fue un año de indudable bonanza financiera para el país, a pesar del abultamiento inflacionario, los precios tope del barril de petróleo, la venta sin precedentes de automóviles, y el éxito en casi todos los sectores económicos, devinieron en un crecimiento económico notable.

Con este panorama en puertas, hacer caso siquiera a la posible detonación de una contingencia mundial que echara abajo el aparente fortalecimiento del aparato financiero era difícil por aquello de que preferimos pensar que “todo estaría bien”, más aún, el común del venezolano apostaba tanto al bienestar que muchos se animaron a materializar el sueño de fundar empresas. No se percibía el caos que sobrevendría ni como una probabilidad.

Pero bueno, habiéndose presentado ya desde hace ratos la primera gran crisis mercantil del siglo XXI es hora de dejar de pensar en el problema y la solución confiemos en que está en manos de expertos, de modo que nos queda comenzar a descifrar las lecciones que se nos plantean a propósito de los nuevos desafíos globales.

En primer término se ha hecho de pleno conocimiento la falta de liderazgos capaces de ir más allá de las fronteras de sus países lo que, en consecuencia, evidencia la incapacidad para resolver contingencias de cualquier índole. En este sentido se hace inminente la necesidad de reinventar las organizaciones mundiales capaces de tomar decisiones en coyunturas críticas. 

Segunda, es innegable que si algo nos dejará la crisis es la certeza de la interdependencia del sistema, que tomar decisiones aisladas en materia económica no sirve de nada sino se contempla cada situación como un engranaje sistémico. Me refiero a que resulta inútil tomar decisiones audazmente en el ámbito económico si se dejan de lado todas las implicaciones y las múltiples conexiones que tiene lo financiero con lo social, político y cultural. 

Tercera. Continuando con lo de la interdependencia, se hace también destacable la incapacidad para resolver a escala nacional. Aunque la vieja escuela sigue empeñada en manejar el sistema económico de una manera egocéntrica donde el fin último de cada dirigente es hacer maromas para mantener contentos a sus connacionales o proporcionarles “la mayor suma de felicidad posible”, con todo este crítico panorama se hace insoslayable la necesidad de lograr un pensamiento global que trascienda las fronteras de las naciones y que permita resolver genuinamente.

El mercado no es capaz de aguantarlo todo. Está comprobado. Cuarta. Aquella idea acuñada por Adam Smith de “la mano invisible” que autorregula el mercado a través de una interacción libre de la gente en medio de la economía que conduce a un resultado social deseable se desplomó ante esta coyuntura. No es del todo malo que esto haya ocurrido, sin duda, al levantarnos es probable que lo hagamos fortalecidos, y lo más importante, entendiendo que no podemos dejar el tema financiero a la buena del cosmos. Es justo y necesario tomar medidas para controlar o al menos vigilar la dinámica mercantil de modo que puedan ser tomadas las previsiones según corresponda.

La quinta lección que nos deja la crisis tiene que ver con la honestidad. El alcance de ella nos obliga a detenernos para revisar las premisas éticas y morales bajo las que se ha venido trabajando. No sólo en el sentido de lo que se dejó de decir oficialmente para advertir lo que se veía venir, que tiene que ver con la sinceridad del mercado, sino también con un aspecto mucho más humano: La necesidad de entender que en cada ser humano o grupo de seres humanos, por diferentes que parezcan, se juega la humanidad entera

Me explico, no basta con que los países cierren sus fronteras, ignoren al vecino o que nieguen las visas si de cualquier manera resulta imposible enajenarse frente a lo que le pasa a las víctimas del VIH, a los africanos que no tienen agua o a los asiáticos que están superpoblados, de una u otra forma el problema trasciende, las víctimas se desplazan y con ellas la miseria, el dolor, las enfermedades...

Sexta, que la necesidad de crear nuevos fundamentos empresariales se ha convertido en un imperativo categórico. La sexta lección es ésta, la necesidad de reinventar al nuevo hombre de negocios, de dejar en el siglo XX la imagen del hombre codicioso y avaro a la cabeza de las organizaciones. De acuerdo con las necesidades de nuestro mundo postcrisis urge que el hombre nuevo, emprendedor y reconocido socialmente que debe ser capaz de pensar en la empresa como un elemento civilizador con vocación de inclusión y servicio.

Y finalmente, pero no menos importante, la crisis nos demostró que ahorrar para el futuro es lo más sano y beneficioso que puede haber. El país que lo demostró fue Noruega, el único que no se tambaleó ante la crisis. No por ser el país que posee más de la mitad de la reserva de petróleo en todo el occidente de Europa sino porque desde hace años se implementó un plan para no gastar lo que ingresa como ganancia petrolera e invertirlo en un fondo estatal de pensiones, que con el pasar de los años se ha fortalecido. 

Cuando sobrevino la crisis, los precios estaban en su punto más bajo y justo antes de comenzar a subir, Noruega compró acciones con sus ahorros como nunca antes. Hoy en día aquella nación pesquera de apenas cuatro millones y medios de habitantes se ha convertido en una potencia económica, su PIB sobrepasa en más del 50% el del de Reino Unido o Alemania. Ahorrar es de sabios.

En conclusión, la crisis ha llegado para que no olvidemos lo expuestos que estamos, lo efímero de los recursos y lo interdependientes que somos.

La crisis según Albert Einstein
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
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Chávez entre nubes

Óptica Libre / Por Angy Bracho

¡Caramba, qué tristeza ver cómo nuestro país “llega al llegadero”! Mientras los venezolanos nos vemos cada vez más ahogados por problemas de tipo social y económico, el Presidente de la República goza a plenitud de una “dolce vita” que ni los monarcas. Un venezolano, en pleno, atravesando océanos a diestra y siniestra sin que nada lo detenga.

Es una lástima que nuestro pueblo haya creído en el mensaje de austeridad que emanaba desde el Ejecutivo porque cada día la decepción crece. El criterio de ahorro, que desde hace tanto pregona el Presidente, a medida que pasa el tiempo se ve más comprometida.

Tan grande ha sido la polémica sobre los más recientes viajes de Chávez, que en último Aló Presidente salió a defenderse. “Nuestras giras no son un capricho. Uno ve por ahí sectores que dicen: 'Chávez llegó al hotel más lujoso de no sé donde, y llegó la delegación y alquilaron tres pisos completos' (…) Siempre tratamos de ahorrar, de gastar lo menos. ¿Pero quién va a hacer un viaje de éstos sin gastar dinero? Además, aquí hay un presupuesto para política exterior”. El presidente aseveró que su última gira “ha traído avances muy importantes” y que con estos viajes se busca “insertar a Venezuela en el mundo”.

Ciertamente, sería absurdo hacer un viaje sin gastar dinero. Más que absurdo, imposible. Sobre todo con un viaje de “ésos”. Tiene toda la razón el mandatario. Además, tan sólo la labor de tratar de “insertar a Venezuela en el mundo” debe ser un trabajo tan pesado como oneroso y, en consecuencia, requiere un pago suficiente.

Existe un presupuesto para política exterior, sí… Que ya ha sido superado con creces. Lo que se contemplaba sería un gasto de siete millones de dólares, ya se excedió y para continuar con los viajes por lo que resta del año se han solicitado unos cuantos millones adicionales.

El tema del presupuesto para política exterior es un tanto curioso. ¡Qué bueno que sea él mismo quien lo saca a relucir! Porque Venezuela invierte enormes sumas de dinero para cubrir el costo que acarrea la amplia red diplomática conformada por más de 150 oficinas entre Embajadas, Oficinas y Secciones Consulares de Embajadas, así como Consulados y Viceconsulados Honorarios, Representaciones, entre otras.

Entonces, qué sentido tiene que el Estado gaste millones de dólares en la manutención de la trama diplomáticos, acaso no son los Embajadores y otros funcionarios dependientes del MRE (Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores) la representación del país en el exterior.

El primer mandatario viaja para firmar todos los acuerdos, para presenciar las cumbres, asistir a las celebraciones, participar en las negociaciones y de vez en cuándo se da una escapada, como hizo en estos días, cuando brincó de Turkmenistán a Italia y se presentó en la Bienal de Venecia en alfombra roja cual estrella de cine.

La escapadita casual que casi convierte la gira en un tour presidencial, se prestó para que el Gobernante marcara un hito al ser el primer presidente en asistir a la Mostra, más aún para ir como el claro protagonista de un documental (fuera de concurso) realizado por el americano Oliver Stone.

Habría sido el colmo que no lo pusiera de protagonista si el Gobierno venezolano aportó diez millones de dólares para la producción. Adicionalmente, a Stone le fueron cubiertos todos sus gastos en la ciudad de los canales incluyendo una cena por un monto superior a los cuarenta mil dólares. Pero eso no debe haber sido nada comparado con lo que gasto la comitiva de más de 150 personas que se llevó Chávez.

Aquí nadie controla el gasto indiscriminado en el sector público. Ante todo esto, lo más crítico es que todavía aquí no se sabe quién determina los límites, quién dice qué hacer y qué no hacer. Es como si en este país todos nos quedamos dormidos mientras quienes detentan el poder siguen haciendo y deshaciendo.

Mientras él viaja, los que nos quedamos vamos dando tumbos de velorio en velorio para despedir a familiares, amigos y conocidos. En el peor de los casos, somos nosotros mismos quienes hemos perdido algún ser querido gracias al hampa y la inseguridad y bueno, le mandamos a hacer una coronita, pero no muy cara porque no hay dinero. Pero no hay dinero para nosotros.

Para los viajes del presidente sí hay, no importa si se va a reunir con Moammar Al-Gaddafi el hombre que dio un Golpe de Estado en Libia hace 40 años y todavía está en el poder. Tampoco si la visita es a Fidel Castro, a quien ha visitado 47 veces en 9 años.

A Mahmud Ahmadinejad su polémico amigo y homólogo iraní. O como lo hizo en el 2000 cuando fue hasta Irak para encontrarse con Saddam Hussein, en aquel entonces dijo “Puedo ir al infierno a hablar con el Diablo si lo deseo”. Insisto, tiene toda la razón. Puede ir a dondequiera a hablar con quienquiera, el punto es que lo está haciendo a costillas del país y no debería olvidar que a fin de cuentas el cargo que detenta es el de un servidor público, un funcionario, que se debe a su pueblo y debe velar por su bienestar.

¿Sabía usted que..?
De acuerdo con información recabada por Carlos Berrizbeitia, ex-diputado y dirigente de Proyecto Venezuela, quien se ha encargado de registrar y procesar información sobre el gasto público desde que Hugo Chávez asumió el poder:
• Ha visitado 227 países en 10 años y 8 meses.
• Mientras el “Papa viajero” Su Santidad Juan Pablo Segundo recorrió 206 en 25 años.
• Ha pasado 456 días fuera del país, es decir, más de un año y tres meses.
• Si se suman los 80.000 Kilómetros lineales recorridos podría decirse que le ha dado 2 veces la vuelta al planeta.
• El costo de todos sus viajes pasa de los cincuenta y siete millones y medio de dólares, el equivalente a 23.000 cupos Cadivi.
• Las comitivas de viaje en promedio superan las 100 personas contando entre ellas, familiares, periodistas, ministros, militares, médicos, personal de seguridad, estilistas y hasta un cocinero.

Éxodo de cerebros

Óptica Libre / Por Angy Bracho

Históricamente, nuestra “Pequeña Venecia” ha sido una patria madre, buena y acogedora. Un país dotado de ingentes bellezas naturales, recursos de todo tipo, mujeres hermosas, gente cálida y receptiva.
Por eso, Venezuela recibió cantidades enormes de inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo hermanos latinoamericanos y europeos de post-guerra que venían buscando un mejor porvenir.
Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado y el panorama nacional se muestra adverso. Pareciera que la perspectiva a futuro de quienes detentan el poder está basada en un pasado olvidado, en derrumbar todo y reconstruir sobre las cenizas.
Desde hace varios años, escuchaba decir a uno de mis primos “la única salida es por Maiquetía”. Sin embargo, creo que muchos habíamos decidido poner un voto de confianza en el país, en los gobernantes, y en el presidente Chávez, tal vez por ser descendiente de una modesta familia venezolana, y estar aparentemente interesado en la causa de ayudar a los pobres.
Sé que muchos dudamos, en algún momento, que Chávez fuese un dictador, que quisiese llevar a la ruina al país o, más aún, que quisiese que el pueblo se hiciera miserable e ignorante para dominar sin que nadie le opusiera resistencia.
Pero cada día es más evidente la situación deplorable en la que se ha sumergido la nación. La galopante contracción de la actividad productiva, el colapso económico, el vertiginoso empobrecimiento de la gente, el descontrol de la violencia y la inseguridad, el cierre de empresas e industrias a toda escala como consecuencia de la deuda que mantiene con ellas el sector público, la creciente inflación, la crisis en la educación, el permanente estado de anomia y caos, entre muchos otros factores dejan ver que la nueva circunstancia es de andarse con cuidado.

Queda muy claro entonces, que se trata de un coctel de situaciones que han ido desencadenando una nueva realidad, que a su vez trasciende las fronteras y convierte al venezolano en el nuevo emigrante del continente y, en consecuencia, en un potencial nuevo problema internacional.

Cada vez más son los jóvenes, en su mayoría profesionales recién graduados, que contemplan la idea de dejar el país para ir en busca de nuevas oportunidades. Cerebros talentosos, formados por años, que deciden partir a probar suerte en otros países, donde es posible que pasen años antes de llegar a ser tratados como ciudadanos de primera o que jamás lo sean.

Con Venezuela en el listado de países emisores de emigrantes lo único que yo desearía es que con todo lo receptiva que fue esta tierra con todos los inmigrantes, lo mínimo que podemos pedir es un poco de reciprocidad cuando estamos atravesando momentos difíciles.

Cadivi: La pesadilla

Salir del país a aventurar, estudiar, vivir o probar suerte equivale, frecuentemente a tener que toparse de frente con unos de los capítulos más tétricos y traumáticos de convertirse en viajero: Cadivi, o lo que es lo mismo, la Comisión de Administración de Divisas.

Si bien es cierto que la Comisión, ofrece el privilegio del disfrute de un dólar que cuenta con un diferencial cambiario de más o menos 200%, es decir, un tercio del valor del dólar paralelo, también es cierto que el calvario que representa conseguir esas escasas divisas es agotador y probablemente inútil.

Para comenzar, es de hacer notar que el acceso a los dólares preferenciales lo tienen sólo aquellos que cuentan con una tarjeta de crédito. No sólo eso, sino que además usted debe manejar las herramientas de exploración de Internet para poder realizar los trámites en línea a través de la página de Cadivi, o por lo menos tener los medios económicos para pagarle a un gestor que haga los trámites.

Planillas en mano, comience a correr para comprar y comenzar a armar las carpetas con los requisitos, etiquetas, separadores, ganchos, etc. Llevarlas al banco, devolverse a comprar todo lo que le faltó, voltearle el gancho para consignarlos de nuevo y esperar a que faltando horas para su viaje le llegue la aprobación.

También debo decirles que aún con el cupo aprobado, usted no tiene garantía de que podrá usarlo en el exterior, de modo que será de gran utilidad llevar consigo moneda en efectivo.

Me disculpa algún lector si no entiende todo esto. Hay que vivirlo para entenderlo.

El “Dólar Cadivi”, sin embargo, es una ventaja para quienes deciden salir del país y logran usar las divisas. Mas, el ser una ventaja para el viajero no lo convierte en beneficioso para el país. Me refiero a que mantener el valor del dólar en 2,15 es seguir demorando una devaluación de la que se ha huido más como una estrategia política que económica. Pero ¿será o no factible continuar con este esquema? ¿Hasta cuándo se seguirá sacrificando al país por una lealtad política que no tiene sentido?

Si usted ha llegado al final de este artículo, entonces ya puede imaginarse por qué es tan complicado sacar un pasaporte u obtener dólares en este país. Es claro que, a pesar de que los venezolanos no conocemos otros éxodos que no sean el del pueblo de Israel y el éxodo campesino, los gobernantes si vieron venir la partida desde hace mucho y para eso se crearon la nueva Onidex y Cadivi. Prácticamente, mecanismos obstaculizadores para los que comienzan a coquetear con la idea de abandonar su cuna, un poco para impedir que continúe el éxodo de cerebros.

La escapada y el sueño americano
Desde hace ya varios años en Estados Unidos se hablaba de la fuga masiva de capital humano que estaba ocurriendo en Venezuela. Un editorial publicado por el Investor´s Business Daily del 2007 aseguraba que la inmigración venezolana a los Estados Unidos habría subido más de un 5.000% desde el 2000 y que en Canadá se notaba un aumento similar.
“Nuestra ganancia es pérdida para Venezuela”, decía el editorial titulado Venezuela’s Lost Human Capital (La pérdida de Venezuela de Capital Humano). “Es una lástima. El presidente Chávez está alejando el mayor tesoro de su país e, irónicamente, lo está lanzando directamente a las manos de su “peor enemigo”: Nosotros”.


Venezuela, la peligrosa


Óptica Libre / Por Angy Bracho

Si usted es de los que porta un auto, un celular de última generación, zapatos de marca o simplemente un reloj llamativo… ¡Manténgase alerta, podría ser la próxima víctima! No quiero ser pesimista, con llevarle un poco los pies a la tierra, quizás le esté haciendo un favor.

Estudios realizados por la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) señalan que al menos 4 de cada 10 personas han sido víctimas de la violencia que asedia las calles de nuestro país, que cada 38 minutos muere un venezolano, que los homicidios en Venezuela aumentaron de 4.560, en 1998, a 14.589, al finalizar el 2008. Que son 7 veces más los robos con violencia que los homicidios y, que la impunidad en el tema de estos delitos alcanza aproximadamente entre un 95 y 97 por ciento.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) asegura que el 86,7% de los crímenes son cometidos usando armas de fuego. Que las muertes violentas en hombres son “casi trece veces superior a la de las mujeres” y sobre todo jóvenes de bajos estratos sociales.

Pero ni los numeritos en rojo, ni los porcentajes elevados son de preocuparse. La posibilidad de convertirse en uno más de esos que no regresan con vida a su casa el fin de semana y la, cada vez más alta, probabilidad de ser atracado, hurtado, secuestrado, o golpeado en la calle son las que llaman a la preocupación.

En 2006 el ex ministro Jesse Chacón reconoció públicamente, sin pena ni gloria, que en el país circulaban más de cuatro millones y medio de armas sin ningún tipo de permisología, de los seis millones en total que hay en el país.

Por eso, hablar de la seguridad en Venezuela, o de la inseguridad, es llover sobre mojado. Difícilmente podría yo llegar a decir más de lo que se ha dicho. El tema pareciera que nos preocupa a todos, excepto a quienes deberían ocuparse de garantizar la salvedad de sus conciudadanos.

Mientras el hampa azota las calles, cientos de funcionarios encargados de resguardar la seguridad del ciudadano común se encuentran velando, únicamente, por la seguridad de sus puestos. La mayoría de las veces cuidando de otros funcionarios o haciendo el papel de escoltas.

A propósito del tema de los escoltas, servicio que a pesar de ser ilícito, porque no cuenta con los permisos otorgados por el Ministerio de Interior y Justicia, sigue incrementándose de una forma notable.

Mi sorpresa fue mayúscula, hace unas semanas, cuando en el cine se sentaron a mi lado un señor con su esposa y junto a ellos sus dos guardaespaldas. Más normal, sin embargo, resulta ver las numerosas comitivas rondando los colegios de la zona mientras los jovencitos provenientes de familias adineradas están en clases.

Asimismo, asombra como los ciudadanos comunes, aquellos que no tienen tanta plata como para pagar escoltas, pero que tienen una familia por la que velar, compran armas de forma indiscriminada, para tener en la casa, en el carro, en el negocito y una para “cargarla encima”.

Las ventas de armas se han incrementado en un 80% en los últimos dos años, de acuerdo con investigaciones realizadas por el OVV. Basándose en una encuesta realizada en 2008 con una muestra de más de 1.000 personas, también determinó que la población está dispuesta a arriesgar su vida y se ha proclamado el “derecho a matar para defender la familia”. Un 28% de los encuestados dijo estar dispuesto a tener un arma de fuego como protección y un 67% aprueba los linchamientos o la posibilidad de hacer justicia por cuenta propia.

El gobierno venezolano celebró a principios de 2009 una reducción del 20% en las muertes violentas durante 2008 aunque no reveló cifras.

Paradójicamente, una investigación inédita revela que la nueva capital mundial de la violencia es Caracas, después de Ciudad Juárez, localidad ubicada en la frontera de México con Estados Unidos donde la protagonista es una lucha entre los carteles de la droga.

La medición realizada por la organización civil mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública (CCSP) se hizo a partir del número de homicidios cometidos, por cada 100.000 habitantes. Ciudad Juárez aparece como la urbe más violenta del mundo con 130, Caracas, ocupa el segundo puesto con 96 homicidios, Nueva Orleans, USA, el tercero con 95 y Bagdad, la capital de Irak agobiada por la guerra ocupa el décimo lugar con 40 homicidios dolosos.

¡Impresionante! La verdad, creo que la mayoría de los venezolanos estábamos convencidos de que la situación de violencia ha ido en una avanzada asombrosa. Pero de allí a aceptarnos capital de la violencia mundial, no lo creo.

Parece que a nuestra tierra ha llegado el reinado de la anomia, las leyes se fueron de vacaciones junto con los funcionarios de los cuerpos de seguridad estatales.

Tal como lo decía en la pasada entrega de Óptica Libre, si bien es cierto que la violencia, en gran medida, viene de manos de civiles también es cierto que, la responsabilidad de esos hechos es inherente al Estado porque es éste el encargado de velar y garantizar los derechos de sus ciudadanos.

No se puede hablar de un auténtico derecho a la vida, a la justicia, a la integridad personal, a la libertad cuando la población está expuesta de forma permanente a la agresión, violencia, impunidad, el secuestro y el peligro latente que representa para cualquiera, el simple hecho de salir a la calle.

Para colmo, la gran mayoría de las víctimas ni siquiera denuncia el delito bien sea porque percibe que la policía no hará nada o por el temor a las represalias, pues es también sabido que desde las mismas instituciones fluye la información casi espontáneamente hacia los delincuentes.

La pregunta es la de siempre. ¿Qué es lo que ha pasado en estos diez años? ¿Qué nos ha levado a este callejón sin salida? ¿Qué han estado haciendo las autoridades? ¿Cómo han llegado a triplicarse los homicidios en diez años?

Un planteamiento interesante hace Roberto Briceño, director del Observatorio Venezolano de Violencia “los primeros muertos por cada 100.000 habitantes tienen la misma explicación que tendrían en México o Brasil. Pobreza, desigualdad… Pero los otros veintitantos tienen que ver con el quiebro del pacto social que se ha llevado con este Gobierno. Cuando el presidente hace un minuto de silencio por el guerrillero Raúl Reyes, está creando un desorden en la sociedad”.

¿Cómo resolverlo?

Desde los más pacifistas hasta los más radicales aseguran que hay que poner un alto al flagelo que significa la inseguridad. “Es un riesgo que nos acostumbremos a la cotidianidad de la violencia” decía un grupo de profesores y psicólogos que se manifestaban recientemente en la capital.

La intervención y depuración de los cuerpos policiales e instituciones afines, no deja de ser una excelente opción. Para algunos la idea de crear nuevos centros penitenciarios, con un nuevo concepto y un plan de reinserción social de los delincuentes sería suficiente, para los radicales bastaría la idea de crear grupos de exterminio debido al nivel -in crescendo- de las cifras rojas.

A estas alturas, no es que me parezca que una idea es mala o la otra sea buena, pero me temo que resultaría insuficiente tomar medidas aisladas de cualquier tipo si el mismo plan de saneamiento no fuera estructuralmente digno y creíble. Le tocará al Ejecutivo tomar la situación por sus manos, proclamar una ley bien sólida y diseñar una magnifica estrategia para poder coronar con éxito a la hora de ejecutar su plan.

Terror en los medios

Óptica Libre / Por Angy Bracho

Mientras usted lee esta columna la preocupación de miles de venezolanos crece más y más. La sistemática agresión a los periodistas y medios de comunicación se ha convertido en un dolor de cabeza permanente para amigos y familiares de quienes trabajan en los medios de comunicación.

Lo que comenzó con ademanes de escasa cordialidad y comentarios aparentemente inocuos hoy se ha tornado en una afrenta pública que comienza a descender desde las más altas esferas del poder y va replicando en gobernaciones, alcaldías hasta llegar al ciudadano común.

El agravio está aupado cada vez más por un verbo odioso, colmado de golpes, amenazas y arremetidas en contra de los profesionales de la comunicación y sus jefes, quienes hoy en día pareciera que se han convertido en un nuevo blanco marcial.

Intimidaciones, amenazas, torturas, detenciones, golpes, secuestros y homicidios se dan cita, no importa el lugar ni el horario ni la fecha en el calendario para las agresiones, ya no hay motivos porque no necesitan ser justificadas, no hay explicaciones porque no hay quien las exija. Para conocer datos concretos, sobre los sucesos que se han venido produciendo durante esta última década, relacionados con el tema de la agresión a los periodistas, dueños de medios y trabajadores ligados a los medios, puede hacerlo visitando la página del Instituto Prensa y Sociedad http://www.ipys.org.ve/.

Para Alba Ysabel Perdomo, corresponsal de Ipys en Ciudad Guayana y catedrática de la escuela de Comunicación Social en la UCAB “No es solo que los medios están aterrorizados, es que la sociedad se va a sumir en el silencio, que cada medio cerrado es una ventana menos al mundo, que cada periodista agredido es una voz silenciada y que el silencio lleva a la oscuridad, a no tomar decisiones, a no conocer lo que sucede”.

Si bien es cierto que gran parte de las agresiones perpetradas contra medios y periodistas ocurren a manos de civiles, en medio de motines o disturbios, debido a reacciones irracionales o de determinaciones tomadas por funcionarios que abusan de su autoridad, también es cierto que, en todo caso, la responsabilidad de esos hechos es inherente al Estado porque es éste el encargado de velar y garantizar los derechos de sus ciudadanos.

Al vulnerar la vida de un comunicador se ponen en juego su derecho a la vida, al trabajo, la libertad de expresión y de información, la integridad personal, la seguridad, la vida privada, en conclusión, una serie de derechos que se hallan estrechamente interconectados y que es imposible desvincular.

Más aún, cuando se pone en riesgo la vida de una persona que trabaja para mantener informada a una comunidad, la transgresión de sus derechos trasciende y no sólo se vulnera el derecho de un individuo, sino el de derecho cultural de esa sociedad a permanecer informada, educada y entretenida.

Ciertamente, no faltan casos en que medios y comunicadores han sobrepasado los límites del periodismo equilibrado que busca informar y educar, evitando los juicios de valor. No han faltado los que han malentendido la libertad de expresión y la han convertido en “libertinaje de expresión” como han asegurado en varias oportunidades altos funcionarios gubernamentales. No obstante, habría sido justo optar por medidas que, en lugar de promover la violencia y la polarización, estuviesen orientadas a llamar a la reflexión a quienes se empeñan en hacer la labor de los jueces.

Conversando con un amigo nos preguntamos cómo hemos llegado a este punto. Me refiero a las tensiones que cada día aumentan respecto a temas como el de las concesiones revocadas de las emisoras, la violencia generalizada, las agresiones contras periodistas y empresarios de medios, la inseguridad, la economía y un sinfín de asuntos que nos preocupan a casi todos.

No me explico cómo es que después de diez años no se ha logrado un equilibrio ni se ha encontrado una solución para los problemas que enfrentamos a diario, no los de oposición ni los oficialistas, sino los venezolanos en el sentido más amplio, problemas que paradójicamente se han dejado avanzar y han ido empeorando “a paso de vencedores”.

Gobernar no se trata de mejorar las condiciones para unos sino para todos. No tiene sentido que los que eran pobres ahora sean acomodados si los que eran acomodados ahora han caído en bancarrota, así como tampoco tiene sentido que las libertades sean amplias para los periodistas adeptos al partido oficialista si para los que piensan diferente la censura es inminente. La libertad deja de ser auténtica cuando existen límites para el que no comparte las mismas ideas, cuando se convierte en una inmunidad exclusiva para el camarada.

Despiece
Venezuela, un lugar para todos

Cuando era apenas una niña pensaba que la guerra no existía, que era una cuestión del pasado. No me imaginaba como la “gente grande” podía pelearse por tierras o dinero, mucho menos por el poder, que me resultaba algo tan abstracto como absurdo. Peor aún fue, para mí, comenzar a entender la gran problemática del Medio Oriente donde casi todas las guerras ocurren “en nombre de Dios”.

¿Cómo podría yo entender esto si en mi colegio católico, mis amigos musulmanes, evangélicos, drusos o budistas le llevaban rosas a la Virgen María? ¿Cómo podría haber entendido sobre el apartheid si en mi país, blancos y negros son lo mismo, si los chinos, alemanes o árabes fueron tan bien recibidos que todos terminamos mezclados?

El venezolano es así, esa es su naturaleza, abierta, receptiva, incluyente y plural. En esta tierra llena de gracia cuando hay poco, compartimos. Aquí recibimos naturalmente a los extranjeros y si se dejan querer no tardan en ser acogidos, incorporados y hasta adoptados por cualquier familia o grupo de amigos.

Por eso, más que nada en el mundo, me cuesta creer que hayamos llegado al punto en que la polarización, la agresividad y la violencia parecieran haberse apoderado de los corazones de nuestra gente.

Por eso me afecta aceptar que hoy, muchas familias se encuentren separadas por cuestiones políticas como consecuencia de las crecientes diferencias entre dos polos.

Por eso me rehúso a aceptar que la intolerancia se haya desatado al punto de que por reclamar el precio de un par de arepas el dueño haya matado a quemarropa a dos mujeres, una de ellas embarazada, o de que, por protestar pacíficamente le den una paliza a 12 personas sin reparar en las consecuencias que traen estos actos dañinos y repugnantes.

Lo que quiero decir es que de un país como el nuestro donde, por siglos, ha convivido felizmente gente de todo el mundo resulta aterrador advertir un panorama tan polarizado.